ETERNO RETORNO

Siempre algún lector queda. Como quedan mis ganas de publicar, latentes hasta que logro hacerlo.
Agradezco tanto que vuelvan, como agradezco a la vida enormemente las razones que me impiden publicar más seguido.

martes, 22 de agosto de 2017

El planificador


Cuentan las viejas lenguas -que como es harto conocido, más que contar, recrean- conocedoras de décadas y décadas de este lugar, las razones por las cuales somos como somos y vivimos como vivimos. Claro, cuentos cuyas razones no resisten análisis ni elucubraciones de gente leída sino que vienen como si fueran oleadas atávicas conectadas al aparato fonador y salen desprovistas del implacable cedazo de esa entelequia que llamamos veracidad.
Estas historias son como lanitas sueltas que la nona va ovillando en un bollito y una vez que adquiere volumen, las va desovillando para hacer algo con todas como si fueran una sola cosa. Así son estas narraciones, dichos, frases sueltas, conjeturas patinadas por una memoria tenue que toman forma en la mano de quien las intenta reunir. Textos inconexos que no se encuentran en los libros de Lischetti ni en las antologías de anecdotarios de otros autores locales.
Se ha podido oír por las calles aquella especie rescatada hace casi una década por este blog en Catálogo (demasiado incompleto) de mitos locales II que reza: "Ciertos maledicentes se atreven a postular que, mientras en todo el mundo civilizado se encuentra prohibido girar a la izquierda en una avenida sin semáforo u otro artilugio que lo permita, en Villa esta regla se encuentra en suspenso en la avenida principal -calle San Martín- generando infinitos trastornos cuando no llanos accidentes de tránsito. Consultados doctos habitantes no dan respuesta; ancianos centenarios adjudican tal comportamiento a los influjos del fantasma del único planificador urbano que pisó estas calles cuando el siglo pasado nacía.
Unos pocos consignan que fue ejecutado en la plaza pública con el beneplácito de los vecinos, versión que no hemos podido corroborar."



A propósito, nadie ha sido capaz de encontrar registro alguno de la existencia y unicidad del planificador urbano que según datos de vereda escoba en mano se menciona a media palabra y por lo bajo como Armando Amado Catastro. Se cuenta que bastante más de una mano de décadas atrás Catastro recaló en estos parajes convocado para asesorar al gobierno local respecto del diseño deseable de la inexorable transformación futura del pueblo a un formato de ciudad progresista y pujante. El planificador -según refieren en las mesas de truco y chinchón de las cantinas del Sacachispas y del Club Los Andes- estuvo un tiempo sin recorrer el poblado; se acomodó como pudo a la sombra de los árboles de la Plaza[1] para ver el comportamiento de los habitantes que por la zona céntrica circulaban. Luego comenzó a recorrer la Avenida San Martín, sus bares, sus negocios, sus personajes típicos. Al tiempo fue saliendo a los barrios. Dejó para el final la zona portuaria.

Parece ser que el informe de Armando Catastro no solo estuvo lejos de conformar a las autoridades sino que al darse a proclama pública para su evaluación por parte de notables del pueblo, comerciantes y prestamistas logró el enardecimiento de la alta burguesía local. Bastó con que la policía se retirase de la plaza para que la primera piedra o libraco del informe (en esto no se ponen de acuerdo los chimenteros) impacte en la sien del planificador antes de la lluvia de palazos y patadas que siguió. Sin mediar acomodaron el cadáver en un ataúd de segunda mano, lo pasaron por la iglesia para hacer las cosas bien y le dieron un ignoto destino.

Desconocemos el contenido del infausto informe de Armando Amado Catastro. Pero sí podemos aseverar que su fantasma comenzó a recorrer la localidad incidiendo en las decisiones de las autoridades y, claro está, en la aparentemente soberana voluntad popular de las urnas. Quién será capaz de referir esa voz que oye toda vez que un ciudadano se interna en el cuarto oscuro torciendo la concienzuda reflexión elaborada a partir de las propuestas de los candidatos, para terminar llevando a los cargos públicos a personas fácilmente influenciables por el remanente espectro de Catastro.

Se dirá que no puede ser, que los fantasmas no existen o que no pueden interactuar así como así con la materia. Precisamente, la más irrefutable prueba de la presencia del fantasma del planificador Armando Amado Catastro es que no se refiere a voces, sino que se dice por lo bajo. Como las infidelidades, como los mercantes de falopa, como los que votaron al Carlo, como los retruécanos de ocultos amantes, todos lo saben: no se proclaman a viva voz, suenan entre susurros y si no son verdades estadísticas, se constituyen en verdades por sus efectos.
Estos efectos, lo saben los añosos de los barrios, resultan innumerables. Consignemos unos pocos, demasiados pocos, a fin de ilustrar escasamente este breviario:

- Los villenses eligen un intendente, el cual hace de escoba nueva y trata de acomodar un poco las cuentas y el desbarajuste dejado por el anterior. Pasado un período, decide postularse de nuevo ahora sí para llevar adelante las propuestas que no logró en el período previo debido a la pésima gestión anterior. Luego volverá a postularse con algún discurso elaborado ad hoc. Y así sucesivamente. ¿Hasta cuándo? Precisamente hasta que el fantasma de Catastro lo libere de la sisífica tarea asignada: confundir soberanamente a la burguesía local que lo condenó a muerte. No hay duda acerca de esta conjetura inductiva que se repite invariablemente.

- Los villenses eligen como concejales a personajes simpáticos con un desconocimiento supino de las necesidades de la gente. Su principal carta de presentación es haber recorrido los barrios oyendo a la gente. Esta declaración de atroz ignorancia del candidato es asumida insólitamente como meritoria. ¿No es prueba suficiente de la obnubilación producida por algún espectro -en este caso el del planificador- que luego la gente los vote?

- Los villenses se inundan en una ciudad con una veintena de metros de cota superior al río sobre el que se asienta. ¿No será que el fantasma de Catastro los mueve a confusión?

- Los villenses adoran los líderes carismáticos. Para bien o mal. Los evalúan según el espacio político que representan, los defienden o atacan no por sus cualidades personales, por la aptitud para la misión o por la ideología manifestada en sus actos sino por pertenecer a los nuestros o a los otros. Así, defenderán a un funcionario inepto, a uno con actitudes fascistas, otro que negocia para sí con los servicios públicos, otro que compra y vende hasta a su madre si pertenecen al partido de sus simpatías. Con esto, el espectro de Catastro logra que más se sostengan en sus cargos quienes menos pueden hacer por las mayorías.

- La ciudad creció a modo de manchones inconexos de barriadas útiles para invadir los años impares con carteles y propuestas que llegan desde el centro. Cuando al fantasma de Catastro se le antoja, motiva a las autoridades locales a negociar con empresas de oscuros orígenes e intenciones para lotear saltando las veces que sea necesario por sobre las legislaciones que ellas mismas promovieron a fin de preservar los sagrados propósitos de los poderosos.

- Los villenses gozan con la contaminación por infectos polvillos de cereal, de la caca fluyendo desde aguas arriba, con el plomo en el aire, con los nitratos en el agua y se pronuncian felices cuando una instalación de depósitos de arcanos agroquímicos proveniente de más arcanos orígenes financieros promete algo de mano de obra. El filibustero espectro hace, es evidente, de las suyas a plena luz del día con el beneplácito de sus habitantes.

- Los villenses veneran los monumentos en las entradas de la ciudad. Uno, alegórico al puerto y la industria que se encuentra en la entrada desde la autopista. Los otros, abandónicos y bauhausianos contenedores verdes con acondicionadores de aire en sendas entradas por la ruta 21. Así, el juguetón espectro de Armando Amado Catastro sugiere las correspondientes jerarquías apreciadas desde el centro.

- Los villenses rinden pleitesía a una gran empresa. Muchos hacen lo indecible para conchabarse en ella. Llegar a entrar a planta significa para muchos asegurar un sueldo digno para sí y los suyos. Y también una presea que se lleva con orgullo. Históricamente, las autoridades locales aceptan sin chistar las decisiones de la empresa, aceptan los beneficios que derrama sobre la ciudad cuando su magnanimidad lo desea y tratan con reverencia a quienes mancillan cada vez que lo exigen las circunstancias la dignidad de sus habitantes, con hambre o sangre no importa. El espectro de Catastro, dicen las vecinas, insinúa que termina siendo mejor el plomo en las narices que en las tripas.

Detenemos aquí los ejemplos que circulan a calladas voces. Quedan para los estudiosos de las artes ocultas el discernir la presencia del retozón espectro del planificador Armando Amado Catastro en los giros a la izquierda permitidos en la avenida principal, las incoherentes pintadas de amarillo en cualquier zona, los cruces de semáforo en rojo por patrulleros, la distribución y adecuada obstrucción de cloacas y desagües y un frondoso catálogo de etcéteras.
No vengan los foráneos -repito de otras veces- a enseñar a los villenses cómo vivir. Absténganse los eruditos de gesticular esas risillas piadosas que emergen cuando es cosa de la sabiduría popular que se cuela a la sombra del impiadoso sol de racionalidad la existencia palmaria, ineluctable, triscadora y vitanda del único planificador urbano con que contó alguna vez la ciudad: Armando Amado Catastro. Para bien o para mal, su muerte a manos de la cabreada población se ha de revelar por mucho tiempo como el pandorístico evento que hoy explica la enrevesada existencia villense colectiva.

 


Notas:
1 : "La Plaza", así, sin más, denota la Plaza de la Constitución, emplazada como corresponde frente a la "parroquia del centro" (única en la época de Catastro), la Jefatura de Policía y el Palacio de Gobierno.

9 comentarios:

  1. ¿O sea que esa es la explicación?
    Entonces debe de haber legiones de espectros.
    Bien contado.

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    1. Jajajaja, como en tantas otras cosas, nos copian en muchos lugares. Supongo que Hurlingham tendrá sus fantasmas atroces también.
      Abrazo!!

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  2. Detrás de tus palabras se descubre una cierta ironía, lo que les sucede a ustedes, es, en casi todos los municipios.
    Siempre votamos por la caripela y así nos va. Lo de Catastro es culpa de ustedes... mira que ponerlo en un cajón de segunda mano, hay que ser amarretes ché.
    Lo de doblar por la izquierda es un pequeño detalle, no hay que preocuparse tanto, hace poco a un remisero de León Suárez que doblaba por la izquierda le dije: "Así no se debe hacer ". Me respondió: "No se debe pero se puede". Como vez todas las historias se repiten. Un saludo.

    mariarosa

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    1. Y yo que creía que éramos únicos, jajajaj
      Besos

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    2. Upa Upa, la sra. Mariarosa ¿mencionó José León Suárez?
      ¡Pues de ahí soy yo también! (No en este momento exacto de mi vida pero casi durante 30 años) Es más, mañana voy a lo de mis viejos, así que ahí andaré
      Y puedo dar fe que ahí si se dola a la izquierda, te pueden aparecer motos, autos o camiones por cualquiera de las cinco esquinas (aunque la calle tenga 4), se contesta "no se debe pero se puede"... etc etc etc...

      ¡Esto no puede ser sino obra de Catastro! ¡El mismísimo Mandinga!

      http://frodorock.blogspot.com.ar/2015/12/los-fusilados-de-jose-leon-suarez.html

      http://frodorock.blogspot.com.ar/2015/01/moris-y-el-himno-jose-leon-suarez.html


      Muy bien relatado Oso, con un lenguaje idóneo
      Besos a Mariarosa

      Abrazo de arranquemos con hambre de gol!

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    3. Hola Frodo, si soy de José León Suárez y el día que me sucedió el tema del remisero, veniamos por Marquez y al doblar en Libertad, lo hizo por la izquierda, ya imaginaras la zona.
      Salud Vecino.

      mariarosa

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    4. Me encanta esa familiaridad! Espero no choquen nunca por esos lares! Jajjaja.
      En cuanto a las entradas, siempre me encantaron esas vernáculas, son muy buenas y uno las siente como rpopias.
      Abrazos!

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  3. Esto que les ocurre a los Villenses bien podría llamarse el síndrome argento. No creo que haya municipio que se haya salvado de esa enfermedad. Que vocación para andar a contra mano y no hablo solo de doblar a la izquierda, sino de cuando nos toca elegir autoridades. Allí es donde se ve especialmente que don Armado Amado Catastro goza de muy buena salud (aunque algunos crean que es un fantasma,je!)

    Muy buen relato amigo mío, mejor no lo podría haber contado.

    Besoabrazo querido Oso.

    REM

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    1. Lo dicho: el espectro tiene sus paralelos en otros lares.
      Parece que en su propios paraje así sucede. Ya me estoy por convencer de que en todos lados sucede.
      Besos de los suyos

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