Dar la palabra

Un blog más para mezclar, cortar, repartir y compartir la palabra.

sábado, 7 de enero de 2017

Los casos de Leo. Ignacio 3

La noche era un manto denso, perforado solo por las danzantes farolas de las esquinas que al bambolearse remedaban formas fantasmagóricas en los frentes de las casas, rejas y portones. Como faros desbocados ora iluminaban un sector, ora otro. El ulular del viento en los recodos y los altos fresnos parecía apagar todo otro sonido. Algunas chapas sueltas golpeteaban en las azoteas y amenazaban con desprenderse para descargar su bronca de años olvidada en aureolas de óxido.
Con la espalda pegada a la pared, una figura vacilante por el azote inconstante de la ventisca se desplazaba intentando ocultarse más de la furia del tiempo que de ojos indiscretos que pudieran estar observándola.

De pronto, se dio vuelta intempestivamente. Esa inconfundible sensación de estar siendo perseguido se apoderó de quien trataba de avanzar con sigilo a pesar del tumultuoso devenir de las corrientes de aire. Intentó tranquilizarse, los rugidos de los elementos son capaces de crear esa sensación. Siguió un par de cuadras más para caer en la cuenta de que algunos terrenos baldíos aparecían ahora mostrándolo indefenso ante la arenisca que punzaba su piel y pugnaba por hacer mella en sus ojos y ante frágiles ramitas de siete hojas desprendidas de los árboles de alineación de las veredas. Dedujo con acierto que estaba alejándose de la zona céntrica donde las casas se apiñan como palomares. Algunas viviendas tenían además un amplio solar en el frente con jardines o frutales que se desgranaban para no ser arrancadas de cuajo. Las miraba con un dejo nostálgico por su adolescencia de pueblo polvoriento. Y a pesar de que habían comenzado a caer algunos goterones espesos sedientos de estrellarse, se alegró íntimamente por el extraño cobijo del descampado de los baldíos y jardines que no le ofrecieron refugio alguno pero entibiaban su espíritu.
Muy a lo lejos, en una bocacalle, divisó luces de ambulancia que se desplazaban por una calle paralela a dos o quizás tres cuadras.
Se preguntaba si tomó las decisiones acertadas. Solamente se respondía que estaban tomadas, acertadas o no, y decidió no secarse unas lágrimas que nadie vería cuando se entremezclaran con los goterones que ahora se dejaban caer sin piedad.

Era un hombre, joven, con algún gesto corporal que delataba el intento de representar una madurez que aún no tenía. Como tampoco tenía miedo, al menos de la furia de la tempestad. Sin embargo, acercándose al lugar que buscaba y cuando sus yemas rozaron el metal empavonado de la pistola sintió una punzada en el centro del pecho. No, no es el corazón, se tranquilizó. Es la boca del estómago, tripas que se resisten a depender de un arma para proteger la propia vida o las de otros. No es esto lo que eligió cuando sintió que necesitaba ser útil para alguien.
Sus pasos se hacían más cuidadosos, alertando los sentidos. Miró hacia atrás, por si su propio presagio persecutorio fuera a realizarse. Trataba de ordenar los pensamientos y la respiración, tenía memorizada la dirección, pero revisó el papel donde la anotó. Tal vez sea ese impulso repetido de querer llegar y no, como al médico, como a casa cuando se mandaba una macana e imaginaba el gesto adusto de su padre con el brillo en los ojos que denunciaba el sopapo inevitable.

La casa mostraba un frente amplio, algunos rosales, tapia baja con rejas elevadas a infranqueables dos metros y medio sin puntos de apoyo a la vista. El portón corredizo parecía sólido, pero al tanteo se descubrió sin traba. Buena señal. Tan buena como que el viento no aflojaba y los ululares en los recovecos parecían no seguir una cadencia decidida, con lo cual todo sonido no demasiado estridente podría disimularse. Eran unos siete u ocho metros de césped bien cortado los que lo separaban de la pared y sus ventanales amplios sin rejas que remedaban un estilo colonial demasiado refinado, pero con signos de descuido. Las luces interiores, encendidas. Las portezuelas que ciegan los ventanales estaban fijas, hacia afuera con unas grapas para que el viento no las azote y destruya. No pudo evitar el pensamiento de que sus habitantes se sentían a salvo de todo ataque exterior, impunes, desarrollando con total tranquilidad sus criminales transacciones. Sabía que eran mujeres, dos o tres supuestas primas solteronas que ocultaban niñas secuestradas para ofrecer al mercado de blancas que en los barrios privados de más al oeste subían fuertemente de cotización. Estarán ellas, con una niña o jovencita, esperando que se acerque el utilitario que transportará la mercancía, pensó. Era el momento justo, en menos de una hora estarían llevándose a la niña tipos más pesados. Aquí no tienen armas, son señoras de bien que momentáneamente alojan a una niña maniatada. Salen a la mañana para ir al templo a hacer sus oraciones, saludan a los transeúntes, charlan en la vereda escoba en mano con otras vecinas. Gente normal, de la peor, se aseguró.

Antes de asomarse al ventanal pensó en sí mismo. En qué lo llevó a ponerse del lado de los que encierran a unos y liberan a otros, aún cuando la justicia es un camino paralelo que opina incluso en contrario muchas veces. En qué dolor portaba y no podía mirar de frente. En su familia, casi perdida del todo. En su primer caso, el de la directora de la escuela en un pueblo vecino del mismo distrito, resuelto más a causa de un revuelo doméstico que de una concienzuda investigación de su parte. Y decidió asomarse al ventanal entre rosas chinas y poblados ficus. Allí la vio. Una cincuentenaria la empujaba hacia una puerta central. En la cabeza llevaba una bolsa de polietileno empañada de llanto y sudor, atada al cuello con una cinta delicadamente celeste. Evidentemente la bolsa debía tener como mínimo un orificio de respiración. Sollozaba entrecortadamente y apenas se resistía, sabe el cielo amenazada por qué nuevos pavores. El jean que llevaba delataba un cuerpo en plena transformación de adolescencia, promesa quebrada de bailarina o patinadora, de médica o traductora.

Entonces, Leo Damier apenas acalló un suspiro gimoteando lagrimones que no pudo refrenar desde sus ojos enrojecidos, otra vez a merced de la lluvia que ya se anunciaba sostenida y demasiado oblicua. El viento, o un perro de la casa derribó unas herramientas a unos metros en la oscuridad. Eso lo decidió, acometió el ventanal con un salto al alféizar seguido de un disparo certero al cierre de falleba. Sin mediar, de un topetazo venció la escasa resistencia del ventanal símil colonial y se precipitó a la sala donde dos mujeres menores que la que llevaba a la niña se convertían en estatuas de sal aterrorizadas por la espectacular entrada del novel detective. Apenas las miró y siguió camino a la puerta central blandiendo la pistola delante de sí. La tormenta ahora caía con relámpagos y truenos espectrales. Las lámparas pestañeaban penosamente.

La mujer estaba tranquilamente sentada en un sillón hamaca, con la niña de pie llorando delante de sí, la tomaba de la cola de cabello rojizo y con una gran cuchilla en la mano derecha con el filo sobre el juvenil cuello miraba fijamente al muchacho que aun con un arma en la mano parecía que jugaba al policía.
- Si das un paso la mato, pendejo. ¡Me arruinás tanto laburo!
- Señora, por favor, es una niña.
- ¡Ja! Te equivocás, es mercancía. De la buena, pero no me importa echarla a perder para irme de aquí. Ya me trasladé muchas veces. Quiero ver cómo te vas despacito por donde viniste, hasta la ventana.
- Sabe que no tiene escapatoria.
- Sos muy ingenuo aún. Si logro subirme al auto con la nena, asunto resuelto. Tengo amigos, todos de nivel. No son muertos de hambre como vos. ¡Atrás! ¡Atrás o la mato!
El detective comenzó a recular sin atreverse a seguir discutiendo. La muchachita lo miraba sin emitir palabra, aterrorizada. La mujer se paró y llevando como escudo a la pequeña, empujaba a Leo hacia atrás con la mirada. La tormenta arreciaba, mientras una portezuela del ventanal se volaba hacia afuera con inusitada violencia.
- Paula, ¡sacale el arma! ¡Vos, pendejo, obedecé porque la mato!
- Sí, sí, señora- dijo el detective sabiéndose derrotado y maldiciendo su propia impulsividad al entrar.
Otro bajón de energía por un rayo cercano.
- ¡¿Qué..?! ¡La reputa!
El corte de energía parecía general. Intespestivamente el barrio quedó a oscuras. Por un instante nadie habló, tan de sorpresa fueron tomados. Leo quiso evaluar la situación rápidamente, pero se hallaba estupefacto por lo mal que había salido todo y no atinaba a hilar algún razonamiento. La tormenta arreciaba mientras unos furiosos ladridos y gruñidos guturales parecían provenir del lado exterior de los muros cerca del ventanal malogrado.
- Dejaste el portón abierto, Paula, estúpida... ¡se metió un perro!
-  Debo haber sido yo señora, cuando entré.
- Qué más da. Vamos a salir hasta el auto.
- Ese perro parece malo, puede atacar.
- Jajaja, vas a salir vos primero, así me lo entretenés. Si no querés que le corte el cogote a esta pendeja... ¡Paula, las llaves del auto!
Los gruñidos tomaban distinta forma, parecían de un enorme perro asustado por la tormenta. Enseguida, un rayo que dio en algunos de los altos cipreses de la vecindad iluminó lateralmente toda la casa y...
¡Troc!

El proyectil dio en el medio de la frente de la mandamás, que se tambaleó y cayó al piso llevándose la niña con la cuchilla al cuello, mientras Leo azorado veía cómo sangraba la muchachita al caer. Fue suficiente, se despabiló y sin pensar le asestó un zapatazo a la mujer en el costado, que soltó a la niña para enroscarse de dolor. Las otras dos mujeres se arrinconaron, asustadas, abrazándose entre sí, aterradas. En el marco de la ventana, los relámpagos más lejanos esta vez daban forma a un congelado muchacho que en la mano izquierda portaba como estandarte una horqueta de la que pendían unas gomas laxas atadas a un cuero central. La mano derecha le quedó levantada a la altura del pómulo, incapaz de moverse desde que el perfecto gomerazo impactó en el entrecejo de la perversa mujer. Subrepticiamente rompió a llorar, inmóvil. Solamente repetía:
- Ninda, Ninda, ¿é te nhizo eza mieja e mierda?

Leo apartó con furia a la mujer y revisó a la pequeña, que no se movía. Le brotaba sangre del corte, pero no a borbotones. Debía ser superficial, deseaba que lo fuera. Con una punzada de terror llevó los dedos a los conductos sanguíneos del cuello buscando pulso. Normal. Se había desmayado seguramente en el medio del gran despiporre o al sentir que la cuchilla la cortaba. Afortunadamente era superficial.
El muchachito de la ventana despertó de su estupor para ayudar al detective a reducir a las tres mujeres y esposarlas. Leo no habló hasta que hubieron terminado. El muchacho animaba a la niña acercándole un vaso con agua.
- ¿Vos otra vez? ¿Qué hacés acá?
- Nlo zeguí.
- ¿A mí?
- Nclaro. Nlo ezduve ezpiando hazta e nzalió apurado. Imahiné e nbuzcaba a mi nprima.
- ¿Tu... prima?
- Zí, Ninda es mi nprima. Npor ezo nlo zeguí.
- Ah, Linda es tu prima y vos pensabas rescatarla con una gomera.
- Mi ngomera jue máz nefectiva e su istola...
- Tenés razón, te agradezco, pero te arriesgaste demasiado y arriesgaste la misión.
- Nclaro... zin mí, uzded la nrescataba...
- Glup... claro que no... Bien, llevemos a Linda a atender. Vamos en el auto de esa mujer, ya llega la policía a poner en orden todo esto y encerrar a estas tipas.

En el auto...
- Bueno, parece que Linda se durmió, fue demasiado para ella.
- Zí...
- Decime... ehhh...
- Icnazio...
- Decime, Ignacio... terminaste el secundario...
- Zí, achiller iológico.
- ¿Y pensás estudiar o trabajar?
- Yo...
- Te escucho.
- Enzaba nestudiar para ñief.
- ¿Ñief?
- Zí, ñief, ozinero, ero finoli...
- Ah, chef.
- Zí, ero...
- Pero, ¿qué?
- Iero zer netective, omo uzded.
- Mmmm, no creo que...
- ¿Or é no? Zí lo ayuné en loz doz asoz e tuvo hazta a ora...
...
- Nengo angunaz nabilidadez...
- Es cierto. A propósito, te salió muy bien la imitación del perro feroz.
- Ez lo único e me nejaban hazer en el nteatro ne títerez en la ezcuela. Ne perro, orque no ngangueaba...


FIN

Innecesaria aclaración
Preferí hacer una larga introducción por dos motivos. Por un lado para mostrar algo del interior de Leo en todo esto. El otro -sabiendo de sobra que la lectura completa del post es inversamente proporcional a su longitud-, ver si vale la pena incorporar más texto a estos episodios tan dialogados. Veremos, dijo Lemos, y San Martín lo mandó por otro camino...

sábado, 17 de diciembre de 2016

Los casos de Leo. Ignacio 2

La escuela luce con una modesta elegancia. Se nota esmero en la sencilla decoración. Sobre unas gradas en estado más bien lamentable, pero rebarnizadas con apuro, se encuentran de pie los nuevos egresados de la Escuela Secundaria Nº 290 Hipólito Bouchard. Nuevos bachilleres contables y biológicos se presentan a la vista del pueblo como blasón de un futuro promisorio.
La directora Haydeé Elkemetoke se dirige a los presentes con palabras sentidas, pero un tanto remanidas:
- Luego de cantar el hipno nacional, bla, bla, bla... la vida no me ha dado hijos, pero cada uno de ustedes -mis queridos alucnos que hoy egresan- se ha transformado en uno de ellos y formará para siempre parte de mi familia. Porque en la escuela les hemos dado el corazón y lo hemos puesto en cada proyepto, bla, bla, bla...
...y si no he formado una pareja es porque dediqué por entero mi vida al servicio, al apostolado que sicnifica esta ínclita vocación docente que...
...y hoy los despedimos. Han transcurrido los cinco años de su educación secundaria con una conducta ejemplar, excepto... ejem, excepto... claro está... cof, cof, el evento que estoy dispuesta a olvidar, de la desaparición de mi cartera con todo lo recaudado en el festival artístico de esta sagrada institución... y bla, bla, bla...

La misma directora hace las veces de maestra de ceremonias. Invita a que los nuevos egresados se despidan con los portavoces elegidos en los respectivos cursos. Por Quinto A, toma la palabra Lionel Recreo.
- No decimos adiós, sino hasta siempre, bla, bla... Y nunca vamos a olvidar a la profe de Historia, que siempre habla de su vida en lugar de dar clases...
(risitas contenidas de la audiencia)
- ...ni del profe de Inglés que se olvida de cerrar la farmacia... y respecto del hecho del que se nos acusa y ha acusado, solamente diremos que desde la ventana de nuestro salón vimos que en el tacho de basura que está frente al salón de Quinto B había una cartera, pero desapareció de golpe antes de que las porteras pasen a recoger la basura y... bla, bla, bla...

Por Quinto B, toma la palabra el alumno Ignacio de Santa María.
- Is omhañeros me elizieron or mi lhocuazidad mpara nirigirme a la ezdimada aunienzia en nommre ne ellos...
- ...angranezemos a la zeñora nirectora ezdoz zinco años ne ezcuela y... y... y...
- ¿¿Y..??
- ...ez que...
- Siga por favor, alucno de Santa María. Y si no, retírese así seguimos con este solecne apto.
- Zí, zí, zeñora, Hayné... Ez e ze me ocunre e...
- ¿Qué se le ocurre en este preciso momento, alucno?
- Ze me ocunre e... ahora e ato ncabos...
- ¡Continúe, alucno!
- Nme areze e uzted ze hizo un autodrobo, zeñora Hayné.
- (murmullos de asombro mezclados con cuchicheos) ¡Oooohhh! ¡Aahhhh! ¡Autorrobo! Bssss, bssss...
- ¡¿Qué dice, alucno?! ¡Esto es una falta de respecto hacia la direpción de la escuela! ¡No voy a permitir que..!
- Uzted nijo e ziguiera.
- Bien, quiere seguir... siga. Relate todo y aténgase a las consecuencias.
- Mien, nrezulta que las palabraz de Nionel me alertaron y me nieron la nclave. Ncuando la artera nezaparezió noz hizieron edar anentro ne las aulaz y llamaron a la polizía. Mino eze ahente novato e hizo muchaz npreguntas a todoz. Omo no noz ueden revizar nhizieron e ada uno zaque zuz cozaz, incluzo laz nporteras y los nprofez. Nrevizaron todo, todo, y no apanrezió. Npero no la nrevizaron a uzted, zeguramente en el momento en e endró la npolizía a la nirección uzted ntiró la artera al tacho atada on una tanza y uando nfueron a los zalones npegó un dirón y la artera nvoló a la nirección. La npolizía nrevizó todo y nada or ahí, nada or anllá.
- ¡Habrase visto tamaña insolencia! ¡Sospechar así de mí! Seguramente algún alucno pasó por ahí, o una portera, o el jardinero. ¡Alucno de Santa María, queda irrevocablemente expulsado de esta escuela!

Entre el murmullo de desaprobación, los gritos histéricos de la directora Haydeé Elkemetoke y el llanto desconsolado de Ignacio, varios padres indignados entran a revolear sillas hacia el estrado. Los gritos atruenan, parecen dividirse las facciones. De un lado quienes defienden a la directora de un supuesto oprobioso ataque. Del otro, los padres que sospechaban la extraña desaparición de la cartera con el dinero. La mayoría de los alumnos coreando el nombre de Ignacio se arremolinan a los gritos. Lionel Recreo y algunos otros revoltosos aprovechan el tumulto para arrojar algunos petardos chillando como hienas.

Una rubiecita de primer año muy atildada se acerca y le revuelve el pelo a un desconsolado Ignacio quien está sentado abatido en el escalón del estrado con la cabeza entre las manos.
- Estuviste bien, nene.
- Nrajá, no me veas nllorar.
- Está bien, si necesitás una amiga, me llamo Inés, soy de primero C.
- Nno te onozco...
- Es que vivo en el circo y estamos unos meses en cada pueblo.
- Ah, zoz nrelinda.
- ¡Y vos reganga!
- Jajaja, nme hazés nreír zin ganaz.

La directora se deshace en explicaciones ante la turbamulta que arrecia. De pronto, una mano firme toma a Ignacio por el brazo y lo arrastra fuera del toletole.
- Decime, cabeza de zapallo, ¿quién te manda a armar semejante quilombo?
- ¿Uzted?
- Sí, yo, zoquete zurcido.
- Ez e Nionel me nio la pista y la ndirectora nijo que hablara.
- Y hablaste de más.
- ¿Me va a nllevar prezo?
- Qué preso ni preso, te voy a cagar a patadas.
- Ah, no hay nlugar en el alabozo...
- No, animal, estábamos siguiendo la pista de esta vieja reventada porque se sospecha que no es el primer curro que se manda y...
- Ah, juzto le iba a npedir una oima a la mieja.
- ¡Pero noooooo, salame de chivo! Hay algunas denuncias anónimas que la incriminan, pero no hay pruebas.
- ¿Ze olmidaron ne ntomarle una nprueba a la nirectora?
- No, gilún. Ahora, decime... ¿cómo se te ocurrió esa explicación de la desaparición de la cartera?
- Una vez neí un uento ne Zernocjolms e necía e una mez dezcartado lo impozible, lo e eda, nebe zer la merdad, or improbable e marezca...
- ¡Alamier! ¿Y pudiste descartar todos los imposibles?
- No había muchoz. Ez una ezuela nonde todo ez nrutinario y ze hazen ziembre igual odoz noz nmovimientoz. Una nbregunta... ¿uzted no nvio la tanza en el pizo?
- ¡Tenés razón! Me enredé con ella el zapato, pero la dejé ahí nomás porque me parecía que podía ser de una guirnalda caída.
- ¿Y nvio las guirnaldas?
- No.
- Orque no había ni hubo... ¿Nvio? Una mez dezcartado lo impozible...
- Gracias, Ignacio, me diste una clave importante para el seguimiento de esta mujer. Te confieso algo: es mi primer caso en Investigaciones y, por más que estudié mucho e hice los cursos obligatorios, no sé muy bien para dónde agarrar.
- Mueno, al menoz zerví npara algo.
- ¿Para algo? Por el contrario, tu despropósito en el discurso nos va a ser muy útil.
- Nracias, ¿ómo ze llama uzted, ahente?
El tumulto se iba calmando, el patio parecía Maipú después de la batalla. La ambulancia de emergencias atendía a algunos contusos. Padres desesperados consolaban o reprendían a los alumnos mezclados en el tumulto. Algunos insultos y pedorretas todavía emergían de entre la gente aprovechando el anonimato que ofrecía la montonera.
- Me llamo Leo Damier. Un placer.
- Me llama mi nmamá, es ahella e eztá a loz nritos or allá. Aniós.
- Chau, pibe. Espero que se solucionen las amenazas de la dire, con tu data la tenemos bajo los palos.
- No zabía e la mieja era arquera...


miércoles, 9 de noviembre de 2016

Los casos de Leo. Ignacio 1

La canícula cae rigurosa sobre el pueblo. En la parroquia, el conocido cura pacifista Eladio Zalazar Más agita los faldones de la sotana color caqui, oscurecida por sectores en acuosas sobaqueras.
El paisano baja del sulky espantando los perros seguidores con un sombrero reseco hasta la faja de cuero y chorreante debajo. Se lo nota agitado, entre feliz y preocupado, media sonrisa entrecortada por una euforia que no logra disimular.
- ¡Padre Radio! ¡Padre Radio!
- Eladio, hijo.
- No me llamo Eladio, mi nombre es Asunción, padre Radio. Los amigos me dicen Asunto.
- Lo sé, hijo, Asunción de Santa María. Piadoso nombre. Y el de tu esposa es Concepción...
- A eso venía.
- ¿A qué, hijo?
- ¡Uy, me olvidé, padre Radio! ¡Esta cabeza mía..!
- Bueno, será un asunto sin importancia, ¿te doy la bendición?
- Ah, sí, debe ser... Dele, deme, dele.

El cura lo bendijo, el hombre trepó al sulky a los trompicones, no muy convencido y ya sin la euforia inicial. Aun con cierto desconcierto abierto miró el horizonte sin ver y agitó las riendas para que el caballito arranque con un trote lento y cansino.
El padre Eladio chasqueó los labios resignado, como si la escena fuera conocida y la situación no tuviera remedio. Al descuido soltó un diosanto y se dispuso a adentrarse un poco en la sencilla parroquia solicitando el fresco de sus altas paredes. En eso...

¡¡Troco troc, troco troc, troco troc...!!
- ¡Aaaaaaavemariapuríiiisimaaaaa! ¡Huiiiijaaaaa!
- ¡Sin pecado concebida!
- ¡Padre Radio, padre Radio!
- ¡Eladio, por diosanto!
- No me llamo Eladio, mi nombre es Asunción, padre Radio. Los amigos me dicen Asunto.
- Ufff, ya lo sé. Supongo que habrás recordado el motivo de la visita.
- Síiiii, padre Radio. Venía a anotar a mi hijo y pedirle que lo bautice.
- ¡¿Será de Dios?! ¡¿Cómo puede ser que olvides este asunto, Ídem?!
- Queseió, padre Radio. ¿Vio como es eso, que uno se atolondra?
- Veo, hijo, veo...
- ...
- Te quedaste mudo con este asunto, Ídem...
- Es que...
- ¡Es que... ¿qué?!
- Que no me acuerdo qué nombre me dijo mi señora que le ponga...
- Algo te habrá dicho que le pongas, hijo...
- Talco. Me dijo desde la cama: "no te olvides de ponerle talco al bebé...". Pero no creo que quiera que ese sea el nombre...
- Diosanto, claro que no, hijo...
- Claro. Queda medio feo Talco de Santa María, padre.
- No, no, tiene que ser otro nombre. Hacé memoria.

El hombre se compungió de repente. No recordaba el nombre y no podía volverse las tres o cuatro leguas para consultarlo. Lo peor es que Concepción le iba a propinar una catilinaria feroz por este olvido y además iba a sumar sus múltiples distracciones para martirizarlo por la inutilidad del zapallo que portaba como sostén de sombrero. Se daba fuertes palmadas en la sien como tratando de acomodar las cosas, para ver si aparecía el nombre. El cura lo miraba furioso y compadecido a la vez, sus aureolas sobacales ya se conectaban en el pecho y la espalda. Nervioso, se puso a desabotonar la interminable sotana para revolearla en un rincón. Asunto, más nervioso, quiso hacer un chiste para aflojar la tensión.

- Padre Radio, ¡cuántos botones! ¿Todo eso es bragueta? ¡Alamierrrrrrrrrr!
- Mira, querido Asunto, no te rompo el traste a patadas porque hace calor y porque me ve san Roque, que sangra de una pata. Así que más te vale que te acuerdes de ese nombre.
- Ehhh, sí, sí, padre, disculpe. ¡Ah, ahora me acuerdo!
- ¡Bien! Liquidemos este asunto.
- ¿Me va a matar, padre Radio?
- No, hijo, quiero decir que me digas el nombre.
- No, no, lo único que me acuerdo es que está en un rezo.
- ¿En un rezo? ¿Cómo es eso?
- Sí, sí, en un rezo de esos que se dicen cuando uno reza.
- Ah, entiendo... Debe ser Jesús...
- No.
- ¿José..? De san José...
- Nones.
- ¡José María!
- Nopo.
- Mmmm, a ver... a ver...
- No, no. Está en un rezo de esos que siempre se dicen, pero no me sale, padre Radio.
- Se me ocurre una idea. Voy recitando las oraciones más comunes y vos me decís, m'hijo.
- Dele, padre, dele, que yo le digo
- Vamos... "Padre nuestro que estás en los cielos, bla, bla, bla..."
- No, padre, no está ahí.
- Bien, vamos con el Ave María. "Dios te salve, María, llena eres bla, bla bla..."
- No, no, padre, no está ahí.
- A ver el Gloria... "Gloria al Padre bla, bla, bla..."
- No, tampoco, padre Radio.
- Probemos con el Credo. "Creo en Dios Padre todopoderoso bla, bla, bla..."
- ¡Ahitá! ¡Ahitá! ¡Ahitá, padre!
- ¿Cómo? Si no mencioné ningún nombre...
- Síiii, lo dijo...
- ¿Estás loco? Si iba por "...obra y gracia del espíritu santo y nació de santa María virgen, padec..."
- ¿Ve? ¡Ahitá! ¡Ahitá!
- ¿Dónde, diosanto?
- Ese es el nombre... ¡¡Inacio de Santa María!!

continuará

[Afané dos viejos cuentos del gran Luis Landriscina para ponerlos aquí. En realidad porque la idea original del nombre de Ignacio provenía realmente del famoso cuento. El otro es el de Talco Fernández, que metí a presión en el relato.
Cumplo con arrancar la precuela de Ignacio, espero salga decente.]

domingo, 6 de noviembre de 2016

Premio a la Injusticia Exorbitante

Como dijera alguna vez Joaquín Sabina cuando recibió no recuerdo que mención: Yo antes no creía en los premios, pero luego me di cuenta que eran los premios los que no creían en mí.
Yo estoy más o menos igual. En los años en que dedicaba algún tiempo al blog recibía alguna que otra mención de gente que con más piedad y cariño que espíritu judicial me pasaba algún regalito o mención. Los regalos se ven abajo a la derecha en el blog. El primero me sorprendió, esa una especie de preservativo con los colores de Wally, el que hay que buscar. Y por eso titulé a esa entrada Con don Wally, pretendiendo cierto ingenio. Luego sobrevinieron otros. Pero como anduve ocupándome de otras cosas menores, fui descuidando el blog y las numerosas virtuales relaciones que me proporcionaba, al punto que hoy sobrevive porque soy obstinado y de otra manera no escribiría nada sino canciones. Lo que no está mal, pero me gusta escribir otra cosa, cualquiera -poemas, humoradas, relatos, reflexiones- supongo que bastante más que canciones.
No es extraño entonces que no lleguen premios, claro está que conservo un puñado de fieles lectores que, supongo, acomodarán mi blog por ahí entre esas cosas que uno duda entre guardar por si acaso o revolear al carajo sin miramientos. A la larga suele suceder esto último.
De momento, el amigo Frodo me ha otorgado el Premio a la Injusticia Exorbitante, con una distinción así:
No puedo negar que me produce emoción. Sobre todo porque desde hace unos años soy un seguidor inconstante y leo -cuando lo hago- muy pocos blogs, incluso cuando me recomiendan la lectura de alguno, me da un poco de pudor no hacerme seguidor, aun con textos fantásticos, porque sé que no los voy a seguir y otorgar reciprocidad a las deferencias con las que me halagan.
Por eso, voy a señalar a cinco de los que han quedado y suelen comentar -ojota que hay solo dos o tres más-, los que consideran por algún motivo vale la pena darse una vuelta por este blog medio arrumbado. No me importa si pasan el premio o no. Aprovecho el premio del amigo Frodo como excusa para agradecer que siempre se den una vuelta por este barrio.

Los cinco son:
Rembrandt, de Un pájaro al viento:  Rem, una mujer que apareció leyendo este blog hace unos cuantos años y persiste como lectora desde siempre. En su blog las entradas suelen ser recopilaciones de poemas o textos seleccionados según diferentes criterios: temáticos, de un autor especial u otros. Suele inclinarse por escritos que rebosan sensualidad y los vericuetos del amor de a dos. Elige música para acompañar la visita de su blog, que coincide con mis gustos. Rem comenta con originalidad no exenta de una cercanía como quien acompaña el mate de la tarde cuchicheando de cualquier cosa o en silencio nomás.

Frodo, de Frodoblog: Escritor y pintor. Un bitacorista que se para en la atalaya del rock nacional y de los símbolos vernáculos para describir la realidad, patinarla de misterio y curiosidades, martillarla con una síncopa rockera y asociar. Asociar el fútbol con el rock, el rock con el cine, el cine con las barajas caídas y todo con el cuervo corazón. A mí me parece que blogs como el suyo justifican la existencia del medio.

El Demiurgo de Hurlingham, del blog homónimo: Un tipo que ha desarrollado un mundo paralelo con elementos propios, del cine, de las historietas y de donde se te cante. En sus relatos las sorpresas no faltan, hay que estar atentos para seguir la línea porque incorpora elementos que solo un seguidor de cierto tiempo comprende y relaciona. Y hasta por ahí nomás, dado que el demiúrgico mundo de su cabeza no termina de expresarse totalmente en sus frases. Además, es un seguidor conspicuo y fiel de muchos blogs, tiene un buen ojo para la crítica, tanto es así que uno nunca las desdeña sino que se queda rumiándolas.

Verónica de Censura Siglo XXI: Apenas llegué a este blog me quedé desde la primera entrada que leí de esta valenciana (o de la zona). Con una escritura sencilla, como una azada, va carpiendo las tradiciones, los decires y las historias clásicas hasta desnudar sentidos y sinsentidos sin piedad, pero con golpe respetuoso y certero. Una bolsa de saberes de las que uno se pregunta qué carajos hace leyendo mi blog, pero lo hace. Así que no queda otra que agrandarse y agradecer.

María Rosa, de Cuentos y Poesías: No hace mucho descubrí este blog, pasé y leí la primera entrada. Me gustó, pero no volví enseguida. Al tiempo fui leyendo otros relatos y hoy es uno de los que me llevan a detenerme mate en mano para ver con qué nueva historia cercana y de acá a la vuelta me sorprende. Y lo hace, lo juro. Ella también visita este blog, seguramente para pagar alguna deuda pendiente con el más allá.

Bueno, hay algunos lectores más. Los de siempre, como Neto y Sil que son parte de la vida; Abrujandra, que pasa de norte a sur por arriba de este cielo y tira alguna cosa de vez en cuando; JLO a quien no mencionaré porque es hincha del globo, pero que logró que me adose a seguirlo en su blog por la frescura de sus textos y sus fotos y cuatro o cinco lectores blogueros más ocasionales.
Y aclaro lectores blogueros porque las estadísticas revelan que mucha gente visita el blog, aunque no dejen comentarios (es raro que una entrada tenga menos de cien visitas). Son, supongo, quienes llegan desde facebook y dejan sus comentarios o no en esa red, pero se acercan a chusmear de qué se trata. Los más huirán entrecortados por las arcadas producidas, pero otros leen y vuelven. No me han faltado insultos por privado, por ejemplo.

Bueno, no tengo mucho más para decir y se me quema el asado, así que esto se corta con otro agradecimiento al amigo Frodo, corazón cuervo hermanado.


jueves, 13 de octubre de 2016

Disculpe, mi brigadier

El 24 de mayo del año pasado fuimos invitados a participar de la peña de Coplas de la Orilla, una movida importante que se desarrolla en Acebal, en nuestra provincia.
Allí cantamos varios temas y, como siempre, entre allos algunos de los nuestros. Miestras estábamos tocando llegó el inefable Orlando Veracruz -era el número central de la noche- quien se acercó al escenario con su conocido histrionismo en una escena entre sorprendente e hilarante.
Cuando la peña terminó, entre un saludo y otro y la alegría de los brindis, se acercó para pedirnos que ya que componemos nuestros temas hagamos algo dedicado al gran Estanislao López, caudillo padre de la identidad santafesina.
Lo primero que se nos ocurrió es hacer un tema litoraleño, dado el personaje. Pero lo nuestro han sido siempre las zambas, gatos y chacareras. Sin embargo, Fernando me sorprendió rápidamente a los pocos días con una hermosa melodía y un soberbio acompañamiento, como si toda la vida hubiese tocado música litoraleña. Era una chamarrita, esa especie de milonga tan popular sobre todo en Entre Ríos, de las que tanto escuchamos por los Hermanos Cuestas y otros. Me apuré en escribir una letra, pero no nos convencía, sobre todo en la métrica, que no lograba acertar con la gracia propia de las chamarritas.
La dejamos reposar casi un año, la retomamos y hasta la tocamos ya algunas veces.
Costó encontrar algunos hechos y características del brigadier que sean señeros de su vida y su accionar, en parte por la propia ignorancia -que es más o menos general- sobre el tema.
Al final, con unos cuantos retoques nos conformó y decidimos empezar a cantarla, habiéndola registrado previamente habida cuenta del modo de arar de algunos bueyes.


DISCULPE, MI BRIGADIER

Disculpe, mi brigadier,
pero lo necesitamos,
un hombre cabal de ley,
seguidor del buen Don Belgrano.

Los ríos santafesinos
le piden que no se vaya
y atravesando fronteras
lleve la revolución sembrada.

Aquí el futuro se escribe
a firme pulso, señor,
su gesta federalista
engendró la Constitución.
Su lanza trazó los rumbos
de Santa Fe insuperable,
comprovinciana hermandad
¡lindo cerco pa asentarme!


No se vaya, mi brigadier,
siga usted plantando escuelas,
los brotes santafesinos
a la nación servirán de espuelas.

Escríbale a San Martín
con aire de buen paisano:
“lo espero en el desmochado,
desplegada llevo la mano”.

Aquí el futuro se escribe…

Venga usted, mi brigadier,
antes que llegue Balcarce
a incendiar el rancherío
y las cunas de los que nacen.

Disculpe, mi brigadier,
acá lo necesitamos
su herencia será bandera,
hecha carne entre estos barros.

Aquí el futuro se escribe…

El video que sigue es algo de lo poco más o menos decente, si bien no es la mejor interpretación. Fue en Rosario, en una peña a beneficio de la Biblioteca Popular de Empalme Graneros Norte. Uno de esos lugares donde uno quiere volver siempre.



Ah, tratamos de comunicarnos con Veracruz para comunicarle la realización de la tarea a través de algún conocido nuestro, que sabemos amigo del músico. Ehhh, buenoooo, sí, yaaaaa, cof, cof, ejem... Vemooo...



sábado, 24 de septiembre de 2016

Los casos de Leo. Caso VIII Escena 4 Concierto

Hay tres escenas anteriores,
¿qué hacés leyendo esto
si no las leíste, eh? 
Viernes en la oficina de investigaciones. Leo había entrevistado a algunas personas que podían tener relación con la muerte de Aquiles Canto. Si bien obtuvo revelaciones interesantes, las conclusiones no podían ser más deprimentes. Eran varios los potenciales interesados en que el desafortunado pusiera fin a una carrera que se avizoraba promisoria, pero en ningún caso consiguió evidencias consistentes.

- Leo, tengo alguna información que recolecté estos días en Popó Stars.
- Buenísimo, Inés, todo lo que podamos agregar a lo que sabemos nos ayudará. Si no resolvemos esto antes del reality de mañana por la noche el principal nos cuelga del palo mayor.
- Empecemos por arriba: desde hace algún tiempo hay ciertas tensiones entre Soné Music y TVgetamos, el reality no debió hacerse, pero negocios son negocios y contratos son contratos. Soné Music quería imponer a una de las chicas como ganadora y para TVgetamos debía ser sí o sí Aquiles Canto.
- Un extraño empecinamiento...
- No tanto, a mí me encanta... me encantaba...
- Claro, las hormonas adoles...
- ¡No soy una adolescente!
- No, no, claro.
- ¡Y las hormonas las tengo bien puestas!
- No cabe duda.
- Otros ya se sienten decadentes y no las sueltan...
- Ehhh, cof, cof, sigamos con la info, plis...
- Bien. Hay un dato interesante, pero aparentemente sin efecto sobre lo sucedido. En la década del setenta hubo un concurso de cantantes...
- ...y Ceci Loli resultó finalista.
- Claramente superaba al resto de los competidores y la gente la aclamaba, pero como no había forma de participar del público...
- ...era un jurado el que decidía aunque participaba activamente el conductor.
- El presidente del jurado era Johnny Ladro, abuelo de nuestro infortunado Aquiles, quien en connivencia con Facho Fontana despojaron a Ceci Loli Quidaron de un justo premio.
- TVgetamos, en compensación la ubicó como productora menor y fue haciendo cierta carrera y negocios con la empresa.
- Uy, ¿cómo sabés todo eso, Leo?
- Elemental, mi querida Inés. 
- ¡Sos un genio! ¿Cómo lo deduciste?
- Dedujiste.
- Yo no deducí nada...
- Deduje.
- Ya lo sé. ¡Sos un genio! ¿Cómo lo ded..?
- Basta, no te ignaciés, por favor.

Al rato...
- Mi Principal, necesito una orden judicial para reunir a todos los posibles implicados en esta muerte en el caso de que no fuera natural.
- Imposible.
- ¿Cómo imposible?
- Imposible una orden judicial, deberemos hacerlo informalmente.
- Pero... la validez de los testimonios... el fiscal...
- Nada de eso, tomaremos un atajo. Tengo cierta relación de... ejem... amistad... con Ceci Loli Quidaron y tal vez logre hacer la reunión que me pide.
- Pero... ¿si hay un culpable?
- Llegará el castigo en su momento. Por ahora resuélvame el caso antes de mañana por la noche. Después, vemos...

Sábado por la tarde en el teatro donde Popó Stars realiza sus funciones de gala, a la sazón regenteado por Ceci Loli Quidaron. Se encuentra reunido el trío de investigadores con los participantes del reality, la misma Ceci, Mariano Claudica, algunos productores y representantes de Soné Music, TVgetamos y Popó Stars. Leo toma la palabra...
- Los reunimos aquí por una cuestión muy importante.
- Lo sé. Me boicotea para que yo no pueda preparar mi voz y ganar el Popó Stars.
- Ágata, le sugiero que no me interrumpa así no lastima sus cuerdas vocales... Tenemos fundadas sospechas de que la muerte de Aquiles Canto fue provocada y no se debió a un infarto casual.
- (voces varias) ¡Ohhh! ¡Alamiércole! ¡Lofletaron! ¡Alamierdalellamanbosta! ¡Misuperdotado! ¡Lohicierongarcar! ¡Tabienselomerece!
- La autopsia llevará un tiempo, sobre todo si se tratara de tóxicos sutiles.
- ¿Y usted cree que yo, amigo del alma de Aquiles, pude haberlo matado? ¡Está rematadamente loco!
- ¿Por qué no, estimado Marco? ¿Acaso usted no fue quien siempre reconoció la superioridad de Aquiles como estrella musical? Por empezar, todos los competidores del reality podrían ser sospechados al menos como interesados en la desaparición de Canto.
- Nos mete a todos en la misma bolsa.
- No soy tan rústico. Algunos de ustedes parecen más sospechosos que otros.
- Nbara mí, na máz zozpechoza es Ágata.
- Calla, gil de tela, no me refiero a sus generosos pectorales. Por ejemplo, hablemos de Flor Deggiro.
- Zí, y npidámozle el deléfono...
- ¿Yo, chico? ¿y cómo pude haber matado al muchacho?
- Depende de si utilizó o no la batracotoxina que guarda en su equipaje.
- ¿La... batrac..?
- No sería imposible. Usted usa esas largas boquillas para sus fumatas y...
- No tiene pruebas.
- No, solo cierta experiencia en cerbatanas disimuladas. En el escenario encontramos un tubito que...
- Jajaj, ahorita cree que me ha breteado, va pues tengo una receta médica para su uso.
- Seguramente hecha en su país... Llevaría tiempo revisar eso. Pero prosigamos con Ailén.
- ¡Sob, snif, yo..!
- Usted tendría sus motivos, Aquiles la engañó prometiéndole amor eterno.
- Snif... ¿cómo sabe que me engañó?
- Es de manual. Y de su transcurrir de programa chimentero en programa chimentero.
- ¡Pero yo lo perdoné! Los superdotados merecen un trato diferente...
- Y vaya que usted pudo dárselo. 
- ¿Do era él, el e ne daba?
- Shhh, loro cascoteado. En cuanto a Aniceto Carr, sabemos de su odio a Canto. ambos desacompasaban mal individualmente y peor a dúo. Cuando hizo el solo de guitarra y Aquiles parecía convulsionar a su lado, pudo haber un shock eléctrico que en su pretendida profesionalidad Canto supo disimular mientras el cuerpo aguantó...
- Supone que yo pude...
- Supongo que no puede quedar exculpado así de una. Pasemos a Beto Ven.
- Beto es el más sano e inocente de todos, vive de y para la música.
- Casualmente vive de otra cosa, querida Ceci Loli. Cuando desaparece no está encerrado componiendo, sino que se embarca a costas asiáticas. Pesca peces globo -fugu- para preparar sashimi y chirinabe. Oh, sorpresa, el pez globo almacena cantidades ingentes de tetrodotoxina, mortal al instante en pequeñas dosis. Y Beto, para hacerse un ingreso extra, comercia ese tóxico.
- ¡Maldito! Me arruina el negocio difundiendo esto. Es cierto, comercio tetrodotoxina, pero no maté a Aquiles. Ese tipo no me iba ni me venía. Por mí que reviente, o mejor dicho, bien reventado...
- Meto... Meto...
- Me llamo Beto. ¿Qué quiere, agente de Santa María?
- Ne ompro una doziz ne nterrtoxiniminina.
- Tetradotoxina, dirá.
- Ezo.
- ¿Y para qué la quiere?
- Udo nunca zabe uándo ma a dener una zuegra...
- ¡Demonios, esto se va al carajo! Resumiendo. Ceci Loli Quidaron...
- Soy solo una víctima de este gran lío.
- No se haga la inocente. Bien pudo usted, por despecho, vengarse del nieto de quien arruinó su promisoria carrera.
- Pero no lo hice. Soy una mujer de edad, con cierta posición consolidada. ¿Para qué meterme en otros problemas que no sean los negocios?
- Todo sabemos de lo que es capaz una mujer traicionada.
- Y sí... Yo lo hubiera asesinado. Lástima no haberme animado. Como que me llamo Ágata.
- Pero le sirvió un té a Canto antes del show...
- Sí, lo odiaba, pero éramos buenos compañeros.
- ...que bien pudo contener ricina.
- ¡Váyase a cagar, Damier!
- Bien. Móviles sobran.
- ¿Ezdán ezdazionadoz en la npuerta?
- ¡Móviles del crimen, Ignacio! Ni hablar de las empresas, tanto a Tvgetamos como a PopóStars o Soné Music le conviene la muerte de su nueva estrella. El rating se va a picos astronómicos, venden revistas, publicidades, etcéteras por millones y millones.
- Jajajaj, es usted más tonto de lo que uno puede imaginar, Damier. Canto murió de un infarto, nadie cobra seguro, nadie puede probar nada. Todo es clinc, clinc, clinc de caja registradora para las empresas y todos nosotros.
- Lo sé, Claudica. También tengo por seguro que esta reunión sirve más para mirarnos todos cara a cara y que se sepan vigilados que para que un asesino confiese.
- Entonces, se retira inmediatamente, ¡shoumastgouon! ¡¡Daaaleeee!!

El sábado con un record de teleaudiencia se celebró la segunda finalísima de Popó Stars. Contrariamente a lo que se preveía, Iván Fueraerritmo resultó ganador mediante una apretada votacion. Luego, en la oficina de investigaciones.
- Mi principal, acaban de informar que hubo una serie de destrozos en el laboratorio de Anita Zinc.
- Esa mujer siempre tan distraída, no maneja sus curvas contundentes. Un culazo aquí, un tetazo allá, hace desastres.
- Demasiados destrozos y pérdidas de material. Hay una lista de cosas perdidas: indicadores de pH, goteros, cápsulas de botox, solventes, óxido nitroso, cianuros, soluciones buffer...
- ¡Basta! Es todo irrelevante. No nos carguemos con los desastres de una mujer atolondrada. 
- Quizás alguien no quería que se notase que robaron algo hace unas semanas. Cambiando de tema... Espero que los resultados de la autopsia lleguen pronto, señor.
- Lástima no haber tenido resultados certeros antes del show, Damier. Esperaba más de usted.
- Señor, no teníamos demasiados elementos.
- Una cosa es no tener elementos y otra no poder hacer una lista de sospechosos. ¡Todos sospechosos y todos inocentes a la vez!
- ¿Leyó alguna vez Crimen en el Expreso de Oriente, mi principal?
- ¿Sugiere usted que todos mataron a Canto?
- No, sugiero que podemos manejar diferentes hipótesis y estar seguros de que sin conocer la correcta a Canto lo asesinaron.
- Bien. No se habla más. Siga usted con sus otros trabajos.
- ¿Está... seguro... de no seguir, ejem, con esto?
- Ya está... Aquiles Canto murió de un infarto natural.
- Pero... hay que ver la autopsia y...
- No habrá autopsia. Así lo dictaminó un acuerdo entre las empresas y el fiscal. Nosotros no intervenimos.
- Es injusto, hay que verificar...
- Váyase, perdemos el tiempo. Hay otros casos que atender.
- Comprendo.
- ¡Váyase de una vez!
- Bien. Ah, una preguntita...
- Sea breve.
- ...o dos.
- Sea más breve aún.
- ¿Cómo va su relación con Ágata?
- ¿Ág..? Glup... Emmm, solo un pasatiempo.
- La segunda. ¿Desde que sale con ella se le dio por fumar con boquilla y sentarse en primera fila de un show?

Epílogo
- Jefe, ¿e ana haziendo on ezoz mbolzoz?
- Me dieron unas vacaciones forzadas, querido Ignacio.
- ¿Ze ma para el Ncaribe?
- Son sin sueldo.
- Jajajaj, mueno, en zu cazo ez máz o menoz lo mizmo. Ne pagan doz mangoz...
- Me hacés reír sin ganas. Venga ese abrazo, amigo...
- Jefe, que noz eztán miendo todoz, ya npareze Kevin uzted.
- Dale mis saludos a Inés, después le escribo.
- ¡Leo! ¡Leo!
- Uy, Inés, no quería que me vieras así, vencido, hecho pelota por esto.
- Si estás igual que siempre.
- Gracias, no sé si debe reconfortarme lo que decís o sacar turno al suicidólogo. Nos vemos algún día.
- ¡Qué algún día ni algún día! ¡El sábado que viene es la presentación del nuevo Popó Stars, Iván! Y las chicas forman una banda nueva, se llaman No las soportan. ¡Me tenés que llevar!
- Jajaj zonazte, Inéz, si on zueldo era mizerable... ¡ahora te ma a tocar pagar a moz!

FIN


sábado, 10 de septiembre de 2016

Los casos de Leo. Caso VIII Escena 3 Concierto

Hay dos escenas antes,
¿qué hacés leyendo esto
si no las leíste? 
Las búsquedas de Inés en el escenario, pokemon incluido, no eran gran cosa. De igual modo se incautó todo lo recolectado. TVgetamos publicitó toda la semana la nueva compulsa para determinar el reemplazante definitivo de Aquiles Canto, muerto subrepticiamente en el escenario durante su show estelar. En la oficina de investigaciones, la semana transcurrió sin mayores novedades hasta que...

- ¡Damier! ¡¿Dónde carajos está Damier?!
- Ze fue bor allá, mi brinzipal.
- ¡¿Por dónde, agente de Santa María?!
- Mor la npuerta.
- ¡¿Qué dice, insensato?!
- ¡E ze fue mor la npuerta!
- ¡Rayos! ¡¿Quién me mandó a meterme con esta manga de torpes?!
- Nyo npenzé e el e mandaba era nusted...
- ¡Quie-ro-sa-ber-a-dón-de-dia-blos-se-fue!
- Ah, ze fue a zu ncaza.
- ¡¿A mi casa?!
- No, eh...
- ¡Calle! Entendí, llámelo y que venga urgente. Y cuando digo urgente es ¡urgente!

Al rato...
- Mire, Damier, hay novedades en el caso de Aquiles Canto.
- Imagino, se comprobó lo del infarto. 
- Sí y no...
- ¿Usted también responde a lo Ignacio, mi principal?
- Basta de comparaciones triviales. Aquiles Canto murió de un infarto, pero resulta que antes de entrar en el reality le realizaron estudios clínicos y de laboratorio exhaustivos. Mire, estos son los informes... Era más sano que un noble.
- Que un roble.
- Era sano, como un noble roble, qué más da.
- ¿Entonces..?
- Existe la posibilidad de que algo extraño hubiera provocado el infarto.
- No creo que un susto o una excitación extrema habida cuenta de estos estudios.
- No sabemos, pero hay mucho dinero y grandes empresas en juego. Imagínese: TVgetamos, Popó Stars, Soné Music... Empresas tan poderosas como un país.
- Entiendo. Puede ser una intoxicación, un veneno, un medicamento, alguna droga. Usted quiere que saquemos la verdad a la luz.
- Ejem, yo quiero que averigüe la verdad. Después decidiremos si sale a la luz.
- Bueno, la autopsia y los estudios toxicológicos nos darán esa verdad.
- Nada de esas nimiedades. Todo eso puede tardar como mínimo un mes.
- ¿Cuál es el problema, si Canto ya hizo chan-chan..?
- Ese es el problema, Leo. Confío en que desentrañará esta madeja antes de la final del reality.
- Grap... ¿de..? ¿este..? ¿sábado..?
- No se haga el sota. Usted estuvo ahí y vio todo. ¿No es acaso el sabueso más reputado? Si pasa el sábado los participantes se dispersarán y seguramente Popó Stars se disolverá. Todo será mucho más difícil... y... eh... nuestros... ejem... clientes... se impacientarán.
- Haremos el intento, aunque no se me ocurre por dónde empezar más que por algunas entrevistas a los presentes.
- Leo, haga eso. Pero para que vea que pienso en todo le conseguí una entrevista con una especialista en química que puede ayudarle a saltar algunos pasos si la hipótesis tóxica cobra fuerza.
- Espero que no sea esa vieja insoportable, Laura Nio.
- No, no, se trata de Anita Zinc.
- ¿Anita Zinc? Nunca la escuché nombrar.
- Creo que viene de Hurlingham o de Tapiales, qué sé yo. Viene propuesta por el fiscal, así que tendrá sus credenciales.
- Bien. Iré con Inés, ella...
- Nada de eso. La agente Perta se hará pasar por productora de TVgetamos para que pueda escuchar conversaciones y espiar un poco sin que nadie sospeche. Manténgase en contacto con ella. Vaya a ver a la doctora Zinc con Ignacio de Santa María, no soporto verlo haciendo tareas administrativas y preguntas tontas.

¡Toc! ¡Toc!
- Jefe, ezda mieja bodría poner un dimbre, ¿no?
- Shhh, silencio, que puede escucharte. Veamos qué tiene para decir la jovata.
¡Ñiiiieeerrrccc!
- Jajajaj, jefe, ezta npuerta nebe hazer nruido como las nrodillas ne la mieja...
- Calla, bocafloja, ahí sale...
...
- ¡A... la... mier..!
- ¡Uy, jefe, ezdá njuertízima la mieja!
- ¡Qué vieja ni vieja, zapallo, tiene la mitad de la edad que imaginaba!
- Ze npareze a Naura Nio, mbero dreinta añoz máz njoven.
- ¿Laura Nio? Claro que me parezco, soy su hija. ¿Los señores..?
- Mi nombre es Leo Damier de Investigaciones y este es...
- ¡Icnazionezantamaríanparaloenustemandar! ¡Azuzpiezezezozeztanamajonezuzlargaznpiernas!
- ¡Calla, zoquete rancio! Discúlpelo, Anita, es un poco atropellado mi ayudante.
- Atropellado, pero simpático... Pasen, los esperaba. Preparé café.
- Vamos al grano...
- ¡E va a dener ngranos, jefe, iene una npiel nrelizita!
- Shhhh, cascotón... Dígame, Anita, ¿hay un modo un poco más moderno de matar sutilmente a alguien que está cantando, que no sea arsénico en su agua o cianuro en una gaseosa, estricnina..?
- Dígame, Leo, ¿hace mucho que no asiste a cursos de actualización?
- Emmm, grap, cof, cof, mmmsé.
- Lo complejo es que hay demasiados medios químicos para provocar una muerte más o menos inadvertida o al menos confusa.
- Supongo, Anita, que algunos serán más fáciles de conseguir que otros.
- Y... depende...
- ¿..de qué variables?
- De lo que esté dispuesto alguien a invertir para conseguir su objetivo.
- Si están en danza esas empresas, no creo que les sea un problema para sus arqueos la erogación de...
- Jefe, nbarece un e onomista ne la tele y no nllega a nfin ne mez, jajajaj...
- ¡A silencio, mequetrefe!
- Bien, pasando en limpio. Supongamos que estemos ante tóxicos muy potentes. Enumero:
La ricina, entre los fáciles de conseguir, se saca de las semillas del tártago o ricino. Podría descartarse porque su efecto es lento, pero uno nunca sabe.
El agente VX, produce la muerte en quince minutos si se inocula. Pero hace falta incluirse en la redes del alto espionaje para conseguirlo.
Batracotoxina tomada de algunas ranas tropicales, este y el anterior con dos granos de sal que metas en el cuerpo son letales.
Tetrodotoxina, de los peces globo orientales.
Maitotoxina, de algunas especies marinas.
La toxina botulínica, el botox, es uno de los tóxicos más potentes conocidos.
- ¿El botox de la estética?
- El mismo.
- ¿Nafecta el zerebro?
- Sí, claro, inmed...
- Jajajaj, ¿ien enmenenó a Nraziela Alfano, e le nhazemos juizio?
- No es el efecto que describimos, pero bue...
- Hay otros, Leo, le preparé un breve informe para que tenga de dónde agarrarse.
- Na noctora iene mastante e nonde agarrarze...
- ¡Shut up, necio! Vámonos a entrevistar a los cercanos al malogrado Aquiles...

Luego, en TVgetamos...
- Bien, Ignacio, comenzaremos con las entrevistas. Vos fijate si encontrás a Inés y pedile data de lo que puede haber visto o oído.
- An menoz me toca una nvizta un poco máz anradable e merlo a uzted.

EXTRACTOS DE ENTREVISTAS

Ceci Loli Quidaron
-  Pobre muchacho. Morir así de un infarto.
- ¿Y si lo hubiesen asesinado?
- Bueno, no sería extraño, se había granjeado varios enemigos... Pero consulte un poco a los empresarios. Por algo lo acomodaron para que gane.
- ¿Acomodaron? ¿No es por votación del púb..?
- No sea ingenuo, Damier. Esto no es nuevo, yo misma fui víctima de una afano similar unos años atrás. El conductor Facho Fontana ni siquiera me defendió.
- ¿Facho Fontana?
- Sí, él cortaba tajada, junto con el... cof, cof... casualmente abuelo del finadito Aquiles Canto, que seleccionaba los artistas.
- Mmm, interesante...

Marco Labase
- ¿Asesinado? No creo. Un infarto y ya.
- ¿Por qué no? Alguno de ustedes, por envidia...
- Fuimos perdedores, pero él era el mejor. ¿De qué quejarse?

Ailén Tokeduele
- Snif... Era un superdotado...
- ¿Tan buen cantante? No me parecía.
- Usted no entiende nada, lo voy a extrañar mucho a Aquiles.

Iván Fueraerritmo
- ¿Se fijó en esa corista que fuma con esa boquilla de diva de los cincuenta?
- ¿Te referís a Florencia Deggiro?
- Sí, Flor Deggiro, la colombiana.
- Pero no fumó en el escenario.
- Claro, solo en los intervalos y no a la vista del público. Yo que usted le prestaría más atención.

Aniceto Carr
- No vi nada raro, me concentraba en mis arpegios y solos.
- Sin embargo te vi lanzar miradas torvas hacia Aquiles.
- Es que se salía de ritmo y...
- Y... ¿qué?
- Bueno, me hacía perder. Me ponía nervioso y pifié varias veces durante el show.
- Lo sospeché desde un principio.

Flor Deggiro
- Muerto el perro se acabó la rabia, chico.
- Ah, y, ¿cuál sería la rabia?
- ¿La rabia? Que nos usó a las tres...
- Ah, bien. ¿Cómo las usó?
- Se aprovechó de este ardiente cuerpo tropical y el de las demás participantes.
- Entiendo, ¿cuánto hace que estás aquí?
- Cuatro meses, vine para el reality.

Ágata Nomeganás
- No me haga perder tiempo. Tengo que ensayar. ¿Sabe que soy la principal candidata a ganar el reality ahora que feneció el sorete de Aquiles?
- Hablás con cierto desprecio.
- No desprecio a un sorete. Es kantiano: una cosa es el sorete en sí y otra el sorete en mí.
- No me hagás sacar conclusiones, que son un poco ordinarias.
- Haga lo que quiera, recuerde que nos sacamos un sorete de encima y que pisar un sorete trae suerte.

Beto Ven
- No sé qué decirle. Soy músico. No hago otra cosa, salvo pescar.
- Ah, te vas al río en tus ratos libres.
- No, en los ratos libres hago música. Trabajo en una pesquera internacional
- Poco que ver con la música.
- No se crea. Shaved fish, de Lennon... Pescado Rabioso aquí...

Mariano Claudica
- ¿Entrevistarme? Espere que me maquillo.
- ¿Maquillarse? ¿Para qué?
- Soy un conductor estrella. No puedo salir sin acicalarme.
- No sea estúpido, es una entrevista para tratar de esclarecer la muerte de Aquiles Canto.
- Escúcheme, maldito entrometido, Canto murió naturalmente. No hay nada que aclarar, que no sea mi cachet con Soné Music.
- Es que necesitaría alguna información que usted...
- ¡Seguridad! ¡Retiren a este tipo! ¡Daaaaleee!
- Espere, soy policía.
- ¡Jajajaj! ¿Y la orden judicial?
- Pronto la tendré.
- ¡Jajajaj! ¡Habrase visto inepto! ¿Cree que algún juez ordenará investigar a TVgetamos o Soné Music?
- No se crea...
- ¡Sáquenlo de aquí! ¡Daaaleee!